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Señales interrumpidas en la radiodifusión electoral

El Grupo Clarín denunció que en las últimas 72 en tres oportunidades se interrumpió la señal de satélite que permite distribuir su señal al interior del país y el resto de Latinomérica, sus canales de aire, cable y radios. Un accidente prolongado que inmiscuye en un año político y un nuevo proyecto de Ley de Radiodifusión.

Ayer se sindicó el escenario en que se enmarca este nuevo proyecto para regular los medios de comunicación, con un enfrentamiento claro entre el Gobierno -en la voz del presidente del Partido Justicialista, Néstor Kirchner- y el grupo empresarial editor del diario Clarín.

En ese contexto, y en el medio de un nuevo paro del campo en la Argentina, la señal de los canales Canal 13, TN y las radios Mitre y FM 100 -todas del Grupo Clarínse vio interrumpida por tres días consecutivos, y durante varias horas.

Luego de la tercera jornada de irrupciones, los periodistas del grupo comenzaron a sospechar que la mano del Gobierno estaba detrás de este corte. En cada entrevista a los especialista, se consultaba si el Ejecutivo tenía a disposición tecnología para realizar este mal.

Y la teoría conspirativa se agudiza si se tiene en cuenta que Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior y ultra kirchnerista acérrimo, conoce de satélites por su pasado en la Secretaría de Comunicaciones, durante el Gobierno de Néstor Kirchner.

Pero intentando limpiar estas sospechas, el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) realizó una denuncia ante la Justicia por la irrupción del tranpondedor que emite las señales de las empresas del Grupo Clarín.

Algunos medios hicieron eco de este hecho. Por lo general medios gráficos en el papel y online. Pero los colegas audiovisuales y radiales no informaron sobre este “accidente extraño” en el mundo de las telecomunicaciones.

Hoy en día las tecnologías están a la mano del usuario común y no necesariamente tiene que haber sido el Gobierno el hacedor de este pillaje. Aunque, la teoría de la conspiración siempre va a estar latente y puede explotarse en un año de elecciones aceleradas como será este.

Dejando de lado las sospechas y las paranoias, el hecho de que varias señales de cable hayan estado por tanto tiempo interrumpidas, tiene una connotación grave en un Estado de derecho con libertad de expresión.

Y si un ciudadano común tiene el poder de manipular de este modo las señales, da cuenta de la fragilidad del sistema de comunicaciones satelital.

Además, también existe un problema jurisdiccional: los técnicos de IntelSat, la empresa dueña del satélite que presta servicios al Grupo Clarín, afirmó que la irrupción fue realzada dentro de América Latina.

Por ende, el malhechor puede encontrarse en cualquier punto del extenso territorio sudamericano, sin la posibilidad de ser enjuiciado en nuestro país por problemas de extradición. Vale destacar que este intríngulis legal también afecta a los delitos cometidos a través de la Web.

No sabemos si es tan sencillo o tan complejo hackear un satélite. Si un simple chiquillo con una palangana de metal y una percha pudo haber colapsado la señal de los medios audiovisuales del “gran diario argentino”, o tal vez fue el sistema de monitoreo de patrulleros a través de GPS que lanzó hoy la Presidenta.

Para aclararlo es necesario llegar al final de esta investigación, para saber qué tan frágil son las telecomunicaciones en nuestro país, o qué tan frágil es la libertad de expresión.

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